Camino a su destino, Magda generalmente duerme. Durante años se acostumbró a tener pocas horas de sueño debido al estudio, ahora no tiene que estudiar "tanto", pero soy yo la que no la deja dormir hasta bien entrada la noche. Espero que quede claro que no es maldad, no es que me guste que ella ande muerta de sueño durante el día, somos ambas las que animamos la conversación.
Como dije anteriormente, mi nombre es Magdalena. Aparecí en la vida de Magda hace alrededor de 7 años, durante su tercer semestre de universidad. Tenemos una forma distinta de ver la vida, pero los mismos principios, debe ser eso lo que nos une. Eso y el hecho mismo de ser inseparables.
Nos conocimos durante un "no buen momento" para ella. Era un momento de esos en que la vida te pone en jaque y te obliga a tomar decisiones. O eres fuerte y sigues adelante, o eres débil y te hundes en el fango. Magda siente que ese momento fue el primer gran escollo en su vida, sin embargo, como era el primero, no fue nada insuperable sino más bien un entrenamiento para lo que venía más adelante. Debemos aclarar que ambas estamos de acuerdo en que su vida no es para nada compleja, no ha tenido grandes problemas ni necesidades, gracias a Dios, pero por lo mismo, cuando la vida es así los problemas chicos se pueden transformar en grandes con respecto a nuestras vidas.
No entraré en detalles con respecto a lo que pasó en esa oportunidad, es algo totalmente personal, y quizás ella algún día decida contarlo. Sólo puedo decir que conocí a una niña, sí... una niña de 19 años que había habitado una burbuja hasta ese día, y de pronto, ésta se reventó. No es difícil imaginar lo que le sucede a uno cuando todo lo que conoces se derriba con sólo una palabra, en su caso, digamos que ella presenció como alguien a quien quería reventó la burbuja, luego de haberle hecho creer que le había ayudado a hacerla más fuerte. Magda estaba destruída.
Aparecí en su vida ese día, aparecí en su vida en el instante en que él la dejó para siempre. Cómo recién la conocía, la relación nuestra no era tan fuerte, no era lo que es ahora. En aquel entonces, Magda tomó lo que le quedaba y en mi compañía más que mi consejo, lloró 2 días y medio sin dormir, mientras terminaba sus obligaciones. No fuí la única persona a su lado, debo decir, pero si nuestra relación se tornó más importante que cualquiera más adelante, y eso es lo que me permite ahora mismo escribir esto.
Todo esto ocurrió un día viernes de junio a eso de las 7 pm. Para el día lunes, Magda se armó de valor y debió retomar sus actividades. Llena de miedo por dentro, se paró frente al "culpable" y lo saludó normalmente, pero siendo sincera, para ella nada volvió a ser lo mismo. Tardó mucho tiempo en secar sus ojos, y cambió definitivamente su forma de ver la vida.