- Me complica la situación, Magdalena. Es difícil seguir hasta el final cuando te van hiriendo en el camino. Ahora mismo, me siento como en el limbo, y todo por el miedo del que ya estoy llena, y me sale hasta por los poros, tratando de ocultar la esperanza que no debiera tener... Tengo en la cabeza frases que dan vuelta y no paran. Tengo una dicotomía desde siempre, pero aumentada mil veces esta vez. ¿Cómo rendirse cuando sólo has aprendido a luchar? ¿cómo reconocer un triunfo en la derrota?. No sé cómo bajar los brazos, no sé y me avergüenzo de ello.
- Tranquila, amiga - le dije. Haz sólo lo que tengas que hacer.
- Es que ese es justo el problema. Una cosa es lo lógico, la decisión cuerda. Y otra totalmente alejada de ella, es hacer lo que quiero, lo que siento que tengo que hacer, lo que me dicta el corazón. Dime tu cómo lo hago si hace 7 años decidí guiarme por él para siempre. Dime tú como una persona como yo, que no sabe de puntos medios, logra concordar ambas cosas sin sufrir.
- No lo sé - respondí.
Es que no sé que decirle cuando me dice estas cosas. Cuando uno lo ve de afuera, es fácil dar consejos y vanagloriarse de la solución que uno daría al asunto. Cuando es alguien que uno quiere, ¡uf! que no daría para tomar su puesto y terminar con todo de una vez, pero conociéndola bien, no puedo quitarle legitimidad a lo que plantea. Sé como es, se que es de esas mujeres que "aman hasta las patas"... sé que si lo dice es por algo, sé que la intención es buena, sé que quiere que todo resulte bien, sé todo eso pero no la entiendo.
- Magda, dime tú por qué sigues, si te hace daño.
- Dime tu por qué sale el sol cada mañana, si de todas maneras se esconde al anochecer, me dijo. Dime tú por qué nacemos, si la vida no es eterna. Sigo porque siento que vale la pena y porque mi corazón me empuja. Sigo porque no hay nada que infle más de gozo mi pecho que una sonrisa. Sigo por eso, y porque me dijo que "fue involuntario".
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