Cada día por la mañana Magda escucha la alarma del despertador y no quiere levantarse. Cierra los ojos y trata de dormir nuevamente, hasta que 9 minutos después, la alarma vuelve a sonar. Esto se repite un par de veces hasta que yo, Magdalena, la hago razonar y pensar un poco. "Debes ser responsable Magda, hazlo de una vez". Y así, cada mañana Magda vence su primera batalla, prometiéndose que es la última. Prometéndose que mañana será distinto.
La ducha no es corta. Su mamá muchas veces le llama la atención por el uso del agua, pero aunque le cuesta comenzar, debido al frío, una vez que esta ahí no quiere salir. No tarda mucho en vestirse, su look es bastante simple, sencillo. Lo que no deja de hacer antes de salir, eso si, es encresparse las pestañas; sin eso no es ella, además de que la ayuda a ocultar un poco los párpados hinchados. Algunas veces, tarda 10 minutos más porque debe maquillarse, eso pasa sólo si las ojeras que naturalmente posee se han acentuado, cuando duerme poco y mal. Luego de eso, peina su pelo húmedo con una peineta azul marino, de dientes separados, para que una vez que se seque, sus rizos queden definidos, como a ella le gusta.
Al salir de casa, con el pelo aún mojado, se pone los audífonos y comienza a escuchar la música que le gusta, de preferencia algo alegre en español. Algo alegre en ritmo más que en letra, sin embargo ambas siempre la identifican. Y camina mirando al frente, rápido porque va al filo de la hora, y con un poco de susto por lo que vendrá durante el día.
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